Calpe es mucho más que sus playas urbanas, sus paseos marítimos y su famoso peñón. Si alguna vez te has asomado al horizonte desde tierra firme pensando que ya lo has visto todo… quizá estés mirando en la dirección equivocada. Porque algunos de sus rincones más bellos no tienen acceso por carretera ni aparecen en las rutas habituales. El mar, como siempre, guarda los mejores secretos.

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Cala Racó del Corb: acantilados verticales y silencio absoluto

Solo se puede llegar navegando o caminando durante más de media hora por terreno difícil.

Entre Altea y Calpe, protegida por altos muros de roca, se esconde esta cala que parece olvidada por el tiempo. El agua es clara, el entorno salvaje y, si no suena ningún motor, lo único que se escucha son las olas rebotando contra la piedra. Aquí el Mediterráneo está en modo original.

Cova dels Coloms: una cueva que respira luz

Una de las cavidades marinas más fotogénicas de la zona.

Metida entre acantilados bajos, esta cueva juega con la luz y el agua como si fuera un escenario natural. El reflejo verde esmeralda lo baña todo. En días de calma, es posible entrar con pequeñas embarcaciones o nadando, y sentir cómo el sonido se apaga dentro. Una especie de templo marino.

Cala Gasparet: el lujo de estar solo

Sin acceso desde tierra, sin cobertura, sin señales.

Frente a una pared rocosa al sur de Calpe, esta diminuta cala no tiene caminos, ni caminos interrumpidos. Simplemente no hay forma de llegar sin mojarse. Quienes han estado ahí, suelen recordarla por lo mismo: el silencio, el agua quieta, y esa sensación de estar en otro mundo.

El otro lado del Peñón de Ifach

Más allá del icono turístico.

Desde tierra, el Peñón es imponente. Pero desde el mar, muestra otra cara: más rugosa, más viva, más inesperada. La base de la roca, salpicada de grutas y resquicios, tiene rincones donde incluso las aves descansan lejos del ruido. Hay lugares donde el agua cambia de color según la hora del día. Verlo desde esta perspectiva da una idea muy distinta de lo que es Calpe.

Cala Les Urques: la menos conocida entre las conocidas

Una cala sin nombre para algunos, sin gente para muchos.

Aunque está cerca del puerto de Calpe, su acceso terrestre es empinado y algo arriesgado, por lo que sigue siendo una desconocida. Desde el mar, sin embargo, se revela como un rincón tranquilo, donde el agua es transparente y los peces nadan a centímetros de la superficie.

Cuando el Mediterráneo es frontera y pasarela

Estas calas y rincones no están en los mapas turísticos. No se puede llegar con chanclas desde el paseo marítimo ni con nevera en mano. Algunos apenas figuran en Google Maps. Y quizás por eso conservan algo que se ha perdido en muchos otros lugares: la sensación de que el Mediterráneo todavía puede sorprender.

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